Leon Hunter

Traductores autónomos por el mundo: ARGENTINA – Graciela Fondo

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Seguimos en el continente americano con Graciela Fondo (la segunda a la izquierda en una simpática foto junto a amigas), más concretamente en la preciosa Argentina. Graciela, como el resto de entrevistados, nos cuenta sobre ella y su experiencia y cómo es ser traductor en general, y autónomo en particular. Pros y contras, como en todos los países, pero si estás interesado en trabajar en Argentina nunca está de más tener consejo extra de alguien con conocimiento de causa.

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Cuéntanos un poco sobre ti y tu experiencia como traductor.

Soy Traductora Pública de inglés, graduada en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1990 y desde entonces trabajo como traductora freelance de textos jurídicos y técnico-científicos. También me desempeño como perito en los distintos fueros de los juzgados de la Ciudad de Buenos Aires.

Uno de mis primeros trabajos fue un poco sui generis: trabajaba desde mi casa –20 horas semanales que distribuía según mi conveniencia– para una empresa que enseñaba inglés y que ofrecía a sus alumnos la traducción de los textos que ellos necesitaran, los cuales eran de la más diversa índole: la biografía de un director de cine, un contrato, los estatutos de una empresa, artículos de revistas especializadas, manuales, etc. Esto me permitió adquirir muchísima práctica, al igual que las patentes que traducía para una agencia.

Paralelamente a mi trabajo como freelance, fui profesora de inglés técnico (traducción) en un instituto de enseñanza de nivel terciario y participé a nivel institucional impartiendo cursos de actuación pericial y ocupando cargos en los órganos directivos y en algunas de las comisiones del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

¿Cómo está vista la profesión de traductor en el país? ¿Está bien remunerada?

En Argentina, la profesión de Traductor Público está regulada por ley. En mi caso, estoy matriculada en el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires (Ley 20.305). Allí somos unos 6.000 matriculados, aunque no todos ejercen la profesión ni actúan como peritos.

Existen, además, otros colegios en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Catamarca, La Rioja, San Juan, Río Negro, Mendoza y Tucumán. Algunos de esos colegios forman la F.A.T. (Federación Argentina de Traductores). Por otra parte, también hay asociaciones para quienes se desempeñan como intérpretes.

En general, las traducciones públicas están bastante bien remuneradas. No obstante, nuestra situación siempre se puede mejorar si nos involucramos más en las asociaciones y colegios de traductores de todo el país.

Asimismo, considero que la capacitación es primordial si queremos ofrecer mejor calidad de servicios y percibir mejores honorarios. Para ello, las instituciones que nuclean a los traductores e intérpretes ofrecen cursos de especialización, ya sea de tecnología (CAT Tools), de terminología específica o de perfeccionamiento lingüístico.

¿Y los trabajadores freelance? ¿Pagan muchos o pocos impuestos?

Los trabajadores freelance debemos estar inscritos como autónomos. Pagamos lo que aquí se llama Monotributo, el cual es un impuesto que abarca todo el país y que comprende: el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el Impuesto a las Ganancias y los Aportes Previsionales. Tiene varias categorías, que dependen del monto de facturación anual.

¿Qué aspectos piensas que podrían mejorar?

Como dije antes, la capacitación es de suma importancia porque hace que podamos ofrecer más especialización y mejores servicios, todo lo cual redunda en mejores ingresos.

Por otra parte, considero que los programas de estudio de las universidades privadas y estatales argentinas en las que se imparte la carrera de Traductor Público deberían estar más unificados, a fin de lograr una mejor formación de sus graduados.

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