Leon Hunter

Lengua española: La espinosa cuestión del lenguaje inclusivo

Batalla entre sexos para ilustrar el artículo del lenguaje inclusivo

¿Lenguaje inclusivo o guerra de sexos?

Hemos encontrado en los medios un debate curioso, que además en España conocemos bien. En los últimos años se ha abierto una controversia acerca de si la lengua española es inclusiva o no. Todos recordamos el “compañeros y compañeras” de los dirigentes políticos. O el “todos y todas” de cualquier conferenciante o “Youtuber” al uso. Para tratar este tema, se empieza a pensar en la posibilidad de incluir un género neutro en nuestro idioma. U otras formas de establecer un lenguaje inclusivo correcto.

En realidad, dicho género ya existe, aunque raramente lo empleamos para referirnos a cosas o personas. Se trata del vocablo “ello”, que usamos en frases como “me he ocupado de ello” Además, a muchos grupos sociales no les gusta el “ello”, porque recuerda al masculino. Y parece que entramos en una dinámica donde lo masculino tiende a demonizarse. Parece que es culpa del llamado “heteropatriarcado”, que diría alguno.

En otros idiomas cercanos, como en el inglés, sí poseen un neutro de uso habitual, como es “it” Esta palabra se emplea para referirse a cosas o a animales, generalmente.

En busca de propuestas serias para un lenguaje inclusivo

Sin embargo, la sociedad, tan “progresista” en unos aspectos, y tan conservador en otros, discute frecuentemente sobre la conveniencia de eliminar barreras de género en el idioma. Y se producen enconadas disputas que no van a ninguna parte. Como ocurre en cualquier cuestión que presenta más condicionantes sentimentales que lingüísticos.

Las lenguas están formadas hace muchos siglos, cuando no milenios. Las reglas y los géneros son difíciles de cambiar, pues habría que realizar una asamblea entre todos los hablantes de un idioma para abrir ese melón. Y a ver quién pone de acuerdo a los miles de millones de hablantes de la lengua española sobre qué aspectos cambiaría.

Normalmente los cambios se producen desde el poder. O a través de la educación. Actualmente, muchos de ellos vienen influidos por los estilos o las modas, propuestas (o impuestas) por los medios de comunicación. El caso es que, como todo, un cambio en el lenguaje se acepta cuando existe una parte importante de sus hablantes lo emplean. Podríamos citar miles de ejemplos de ello. Ninguno referido al uso de los géneros gramaticales.

Muchas veces se acusa a la RAE, con razón, de ser una institución “inmovilista”, que no hace honor a su lema, no “limpia, brilla, y da esplendor” a la lengua española. Y a la vez que introduce en el diccionario palabras que provienen de un sector muy determinado de la sociedad, mantiene otras que ya casi nadie emplea. Es cierto que es una labor muy difícil tener oficialmente “al día” un idioma como el nuestro. Pero muchas veces ocurre que los cambios más necesarios son desplazados por otros que parecen menos evidentes. O que al menos no contemplamos tan a menudo en el día a día como otros.

Princeton puede ser el ejemplo a seguir

En el ámbito universitario, y a través de ONGs y otro tipo de instituciones, sí se han planteado distintas iniciativas. La más famosa de ellas era la que sustituía la raíz de género por la @ informática. Fue esta una propuesta muy criticada en su día. Suponía una agramaticalidad poco convencional y que era imposible que fructificara, fuera de los grupos sociales habituados al uso de Internet.

La @ se sigue empleando, pero es una moda que va pasando. En otros países se han planteado alternativas más coherentes. Hace unos días la universidad estadounidense de Princeton lanzó una de estas iniciativas. Lo podemos leer en este artículo de Eldiario.es

Las reglas de Princeton

Según este diario, Princeton va a instaurar una nueva política en sus documentos que no “agreda” a los grupos sociales concienciados por la igualdad entre hombres y mujeres. Opta por un lenguaje realmente inclusivo que no hiera, y que sea útil para una comunicación comprensible y clara.

Sin embargo, lo que esta universidad plantea no es un simple cambio gramatical. Va más allá de eso. Lo que esta propuesta plantea es un cambio semántico mucho más profundo. Parece una iniciativa de inclusión lingüística de verdad. Que respeta las reglas básicas y que al mismo tiempo revoluciona muchos conceptos. Aunque falta por ver cómo se trasladarán estas propuestas a la práctica.

Por ejemplo, quitar el matiz de sexo a algunas profesiones, eliminando el “hombre o mujer que hace o trabaja en” por “persona que hace o trabaja en” puede resultar una buena idea. Esta sustitución lo vemos en algunas de las reglas de Princeton. Por ejemplo, plantea sustituir “policeman” (o “policewoman”) por “police officer”, que desde luego resulta más apropiado.

Sin embargo, lo que Princeton propone parece que no está destinado a individuos, sino a grupos en los que haya personas de ambos sexos. Nos parece erróneo, porque una buena idea debería aplicarse a la totalidad, no solo a una parte de los casos.

Iniciativas españolas similares a Princeton

Al principio del artículo no lo hemos indicado. Pero tenemos que hacer justicia. En España han surgido iniciativas similares a las que ahora defiende Princeton. Por ejemplo, estas Reglas de Lenguaje Inclusivo de la Universidad Autónoma de Barcelona. También ha publicado unas similares la Universidad de Cantabria. Quizás dediquemos otro artículo en el futuro a hablar en profundidad sobre ellas.

Sin embargo, se debería conseguir una línea de actuación que abarcara grupos de hablantes que fueran más allá del ámbito universitario o institucional. Debería ser la RAE quien lanzara alguno de esos proyectos, pero entendemos que quizás la RAE o el Instituto Cervantes están para otras cosas. Pero si se consiguiera establecer unas normas generales de lenguaje inclusivo para la lengua española, estaríamos en el buen camino.

El lenguaje inclusivo es una cuestión polémica que muchos esquivan

El tema del lenguaje inclusivo es polémico, y cubierto de charcos. Muchos no desean meterse en ese jardín, y esquivan la cuestión tanto como pueden. Lo cierto es que muchos te criticarán por no ser lo suficientemente “arriesgado”, mientras que otros te acusarán poco menos que de radical o revolucionario si con tu lenguaje empleas ciertas fórmulas no sexistas que ellos ven como estrafalarias. Los más puristas, entre ellos muchos filólogos, podemos ser especialmente críticos. Sobre todos con casos fallidos como el de la @, o la interminable separación entre “compañeros” y “compañeras”, “nosotros” y “nosotras”, que en realidad no hace más que remarcar las diferencias entre unos y otras.

Hemos buscado un vídeo de Youtube que presentara el tema del lenguaje inclusivo de forma más o menos correcta. Hemos encontrado éste que veis a continuación. No es un vídeo académico, y algunas de las cosas que opina el autor son discutibles y sectarias. Pero presenta la cuestión con un mínimo de seriedad y por eso nos parece oportuno mostrarlo como ejemplo.