Traductores falsos: una estafa que lleva años entre nosotros y sigue funcionando
Hace unos días, la traductora Scheherezade Surià alertaba en LinkedIn de que alguien estaba utilizando su nombre y su trayectoria profesional para contactar con autores desde una dirección de correo electrónico falsa.
El mensaje no era suyo. Tampoco lo era la oferta de servicios que se hacía en su nombre.
Para quienes llevamos años trabajando en el sector de la traducción, el mecanismo resulta desgraciadamente familiar. La suplantación de identidad de traductores no es un fenómeno nuevo. Durante años llegó a existir incluso un directorio dedicado exclusivamente a documentarlo: el Translator Scammers Directory.
Y aunque ese directorio haya dejado de actualizarse, los falsos traductores no han desaparecido.
En Leon Hunter llevamos años recibiendo sus currículums. Los seguimos recibiendo hoy y, de hecho, prácticamente a diario eliminamos tres o cuatro candidaturas que presentan indicios claros de ser falsas o corresponden a identidades profesionales que no podemos verificar.
El Translator Scammers Directory
El Translator Scammers Directory (TSD) fue una iniciativa mantenida por un grupo de voluntarios que se denominaba Translator Scammers Intelligence Group. Su objetivo era identificar y documentar personas que utilizaban currículums e identidades de traductores para conseguir encargos.
El problema había adquirido suficiente importancia como para ser objeto incluso de investigación académica. En 2016, Anthony Pym, David Orrego-Carmona y Esther Torres-Simón dedicaron parte de un estudio publicado en The Journal of Specialised Translation al Translator Scammers Directory y al robo de identidades profesionales en el mercado de la traducción.

El mecanismo era relativamente sencillo.
Un estafador encontraba el currículum de un traductor real, copiaba su experiencia, sus estudios, sus especialidades y otras credenciales profesionales y modificaba los datos necesarios para controlar las comunicaciones.
En algunos casos ni siquiera era necesario cambiar el nombre del traductor.
Precisamente ahí residía parte de la eficacia del engaño: una agencia recibía el currículum de una persona, buscaba su nombre en Internet y encontraba a un traductor perfectamente real, con experiencia, perfiles profesionales y posiblemente años de actividad en el sector.
Solo que la persona que había enviado el correo no era ese traductor.
Origen de los currículums utilizados
Una de las características de este fraude era que los estafadores no tenían necesariamente que inventar una carrera profesional.
El TSD documentó el uso de información procedente de portales profesionales de traducción y la aparición de identidades fraudulentas en sitios como ProZ, TranslatorsCafé y TranslationDirectory.com.
Estos directorios fueron durante años una herramienta habitual para que un traductor se diera a conocer: idiomas, especialidades, experiencia, formación y datos profesionales estaban disponibles públicamente.
La misma información que permitía a un cliente localizar a un buen profesional podía servir también para construir una identidad falsa muy convincente.
El resultado podía ser un currículum prácticamente idéntico al verdadero, pero con un detalle fundamental cambiado: la dirección de correo electrónico.
El propio TSD llegó a resumir el funcionamiento de estas redes alrededor de ese elemento. Para apropiarse de una identidad profesional no era imprescindible controlar el perfil real del traductor. Bastaba con conseguir que la agencia respondiera a una dirección controlada por el impostor.
La suplantación de currículums reales
Esto produce una paradoja que conocemos muy bien las agencias.
Un currículum impresionante no demuestra necesariamente que quien nos escribe tenga esa experiencia.
Puede demostrar simplemente que la persona a la que le han robado el currículum tiene esa experiencia.
Por eso, ante determinadas candidaturas, comprobar únicamente que el nombre existe en Google, LinkedIn o ProZ no es suficiente.
De hecho, si el estafador utiliza el nombre real de su víctima, esa comprobación puede reforzar el engaño.
El análisis de las cabeceras de correo
Una de las aportaciones más interesantes del Translator Scammers Directory fue insistir en algo que en Leon Hunter también hemos comprobado en la práctica: hay ocasiones en las que conviene mirar no solo lo que dice un correo, sino los datos técnicos del propio mensaje.
Las cabeceras completas de un email pueden contener información sobre los servidores por los que ha pasado el mensaje y, dependiendo de cómo se haya enviado, otros datos técnicos que permiten relacionar mensajes aparentemente independientes.
El TSD llegó a publicar un documento específico, Scammers, Emails and Email Headers, explicando cómo utilizaba estos datos para relacionar diferentes identidades falsas.
Nosotros también nos hemos encontrado con situaciones similares: una candidatura puede presentarse como procedente de un país determinado mientras que los datos técnicos disponibles en el mensaje cuentan una historia diferente.
Una discrepancia geográfica por sí sola no demuestra un fraude —un profesional puede viajar, utilizar una VPN o trabajar desde otro país—, pero cuando aparece junto con otros indicios pasa a ser una pieza más del puzle.
Casos atribuidos a Gaza
Esta es probablemente una de las partes más sorprendentes de la historia del Translator Scammers Directory.
Los responsables del TSD afirmaban haber identificado una concentración muy elevada de estas operaciones en Gaza. Para establecer conexiones entre distintas identidades utilizaban, entre otros elementos, cabeceras de correo, direcciones IP, teléfonos, dominios y datos de pago.
En su documentación llegaron a publicar varias direcciones IP que atribuían a conexiones de proveedores de Internet de Gaza y afirmaban haber encontrado patrones similares en cerca de 500 correos.
Conviene hacer aquí una distinción importante: las cifras extremadamente elevadas que llegó a atribuir el propio TSD a Palestina procedían de las investigaciones del grupo y no deberían interpretarse como una estadística independiente de todo el fraude existente en Internet.
Sí existe, sin embargo, una comprobación académica interesante.
El estudio de Pym, Orrego-Carmona y Torres-Simón examinó una muestra de cien casos del Translator Scammers Directory. En esa muestra, el 48 % estaba atribuido a Palestina, mientras que China, Egipto e India representaban un 7 % cada uno.
Los propios investigadores advertían de que la muestra era pequeña y que aquella concentración palestina podía ser un fenómeno transitorio. Por tanto, sería incorrecto extrapolar esos porcentajes a todos los falsos traductores.
Pero sí demuestra que la concentración de casos que estaba detectando el TSD era suficientemente clara como para aparecer también cuando investigadores externos analizaron sus datos.
Hay además un dato posterior llamativo. En diciembre de 2024, el TSD afirmaba llevar 63 semanas sin recibir nuevos casos atribuidos a Gaza, un periodo que comenzaba el 7 de octubre de 2023 y coincidía, por tanto, con la guerra. Esta coincidencia resulta compatible con la atribución geográfica realizada previamente por el directorio y puede considerarse un indicio circunstancial adicional, pero no demuestra por sí sola ni el origen de los mensajes ni la causa del cese de la actividad.
Casos atribuidos a China
China aparecía igualmente en los archivos del directorio y algunos expedientes estaban identificados expresamente como “Scam Made in China”.
De ahí puede proceder parte del recuerdo existente en el sector de redes de falsos traductores asociadas con China.
Sin embargo, tampoco parece correcto reducir el fenómeno a una supuesta «agencia china». La documentación que se conserva describe múltiples redes, países e identidades y el citado estudio académico encontró casos atribuidos a China, pero en una proporción muy inferior a los atribuidos a Palestina en su muestra.
El cierre del directorio y la continuidad del fraude
La última versión que hemos podido localizar del Translator Scammers Directory está fechada en diciembre de 2024.

Su base de datos había llegado a adquirir unas dimensiones extraordinarias después de más de una década siguiendo currículums, direcciones de correo e identidades sospechosas.
Pero la desaparición del TSD no significó la desaparición del fraude.
Desde nuestra perspectiva como agencia de traducción podemos decir exactamente lo contrario.
Seguimos recibiendo currículums falsos constantemente.
No hablamos de uno cada varios meses. En Leon Hunter eliminamos habitualmente tres o cuatro candidaturas sospechosas al día, y llevamos años haciéndolo.
Los casos de Scheherezade Surià y Pilar Ramírez Tello
En agosto de 2026, la traductora literaria Scheherezade Surià López hizo pública una nueva suplantación de identidad.
Alguien estaba contactando con autores utilizando su nombre, una dirección de correo falsa y su trayectoria profesional para ofrecer traducciones al español y sugerir incluso que sus contactos editoriales podían ayudar posteriormente a publicar las obras traducidas.
Scheherezade tuvo que advertir públicamente de que ella no había enviado esos mensajes y que no realiza ese tipo de captación de autores.
El 1 de septiembre de 2026, la traductora literaria Pilar Ramírez Tello publicó una advertencia prácticamente idéntica. Según explicaba, una o varias personas estaban utilizando su nombre y el de otros traductores literarios españoles para contactar con autores, elogiar sus obras y ofrecerles servicios de traducción con la promesa de ayudar a dar mayor difusión a sus libros.
El impostor había creado distintas direcciones de correo electrónico con variaciones de su nombre. Pilar indicaba que dos personas ya se habían puesto en contacto con ella para comprobar si aquellos mensajes eran auténticos y que las autoridades españolas estaban informadas.

El paralelismo con los casos que documentaba el Translator Scammers Directory hace más de diez años es extraordinario.
Pero permanece la idea esencial: utilizar la reputación de un profesional que existe realmente para conseguir la confianza de un tercero.
Una posible explicación es que estas estafas estén ampliando su radio de acción. A medida que la traducción más rutinaria pierde terreno frente a la traducción automática y la inteligencia artificial, la suplantación puede encontrar más oportunidades en el ámbito literario, donde siguen pesando especialmente el prestigio personal del traductor, la confianza del autor y los contactos editoriales. Los casos recientes encajan con esta hipótesis, pero todavía no permiten demostrar que se trate de las mismas redes ni que este posible desplazamiento esté causado por la IA.
Nuevas posibilidades de suplantación mediante inteligencia artificial
Hay, sin embargo, una diferencia importante.
Hace diez o quince años había que copiar un currículum, modificar un PDF, inventar mensajes y crear perfiles.
Hoy resulta extraordinariamente sencillo generar un currículum impecable, redactar correos en prácticamente cualquier idioma, crear la fotografía profesional de una persona inexistente y construir rápidamente una presencia digital.
También se puede utilizar directamente una herramienta de inteligencia artificial como ChatGPT o Claude para responder a los correos. Incluso es posible conectar el buzón a un programa basado en estos sistemas para que lea los mensajes y prepare o envíe respuestas automáticamente. De este modo, una persona que no domina el idioma ni conoce bien la profesión puede mantener durante días una conversación aparentemente coherente, contestar preguntas concretas, adaptar el tono y utilizar terminología del sector.
Por eso, algunas señales que antes inspiraban confianza han perdido buena parte de su valor. Un correo perfectamente escrito, un currículum con diseño profesional o una fotografía aparentemente auténtica ya no bastan para acreditar que la persona que está al otro lado sea quien dice ser. La verificación tiene que ir más allá.
Cómo verificamos las candidaturas
No existe una prueba única que permita identificar todos los casos. Lo que buscamos son incoherencias.
La guía práctica de Inbox Translation para detectar CVs falsos recoge varios indicios históricos que siguen siendo útiles.
Entre otras cosas:
Para visualizar cómo se combinan esas señales, hemos preparado este ejemplo compuesto y completamente anonimizado. No reproduce el currículum de ninguna persona real.

- que el correo desde el que nos contactan coincida con los datos
públicos del profesional; - que los perfiles profesionales tengan una trayectoria
coherente; - que los pares de idiomas, especialidades y experiencia sean
plausibles; - que no existan versiones del mismo currículum asociadas a nombres
diferentes; - que los datos de contacto sean consistentes;
- que la forma de pago y el titular que finalmente pretende cobrar
tengan sentido; - y, cuando existen motivos suficientes para sospechar, que los datos
técnicos disponibles del correo no contradigan de manera llamativa la
identidad presentada.
Ninguno de estos elementos debería utilizarse aisladamente para acusar a nadie de fraude.
Pero varios indicios juntos pueden evitar que una agencia contrate a alguien que, sencillamente, no es quien dice ser.
Consecuencias para las agencias y los traductores suplantados
Conviene recordar además que cuando hablamos de un «fake translator», muchas veces hay dos víctimas.
La agencia o cliente que contrata a una persona utilizando credenciales falsas es una.
Pero la otra es el traductor auténtico cuya identidad, experiencia y reputación han sido robadas.
Un trabajo desastroso puede terminar atribuido a su nombre. Un cliente engañado puede buscarlo posteriormente para reclamar. Y su dirección, fotografía, formación o experiencia pueden circular durante años en currículums sobre los que no tiene ningún control.
Un fraude que continúa
El Translator Scammers Directory fue una respuesta artesanal a un problema que apareció cuando el mercado de la traducción se trasladó a Internet.
Paradójicamente, fueron las mismas herramientas digitales las que permitieron ambas cosas: robar una identidad profesional y descubrir el robo.
Más de una década después, seguimos eliminando falsos currículums de nuestra bandeja de entrada.
Por eso quizá la principal lección del antiguo TSD siga siendo válida.
Cuando contratamos a un profesional a distancia, ya no basta con comprobar que la persona existe.
Hay que comprobar que la persona con la que estamos hablando es realmente esa persona.
Fuentes y lecturas
- Translator Scammers Directory / Translator Scammers Intelligence Group, archivo actualizado hasta diciembre de 2024.
- Scammers, Emails and Email Headers, Translator Scammers
Intelligence Group, revisión de marzo de 2024. - Anthony Pym, David Orrego-Carmona y Esther Torres-Simón, «Status and technology in the professionalisation of translators. Market disorder and the return of hierarchy», The Journal of Specialised Translation, n.º 25, 2016.
- Advertencias públicas de Scheherezade Surià López y Pilar Ramírez Tello sobre la suplantación de sus identidades profesionales, LinkedIn, agosto y septiembre de 2026.
- Publicación de K Vashee en X sobre la investigación de Slator, enero de 2018.
- Publicación de Alejandro García Aragón en X sobre el Translator Scammers Directory, mayo de 2021.











