El mito de Babel y la traducción
El mito de la torre de Babel relaciona la diversidad de las lenguas con la incomunicación entre los seres humanos. Por eso se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la traducción: si las personas hablan idiomas diferentes, el traductor y el intérprete permiten que vuelvan a entenderse.
El relato aparece en el capítulo 11 del Génesis. Sus protagonistas deciden construir una ciudad y una torre que alcance el cielo. Dios confunde su lengua, la comunidad deja de comprenderse y sus miembros se dispersan por la Tierra. En pocas líneas, el texto reúne algunos de los temas que han acompañado siempre a la traducción: la diversidad lingüística, los límites de la comunicación y la necesidad de colaborar.
¿Qué cuenta el mito de Babel?
Al comienzo del relato, toda la humanidad habla una sola lengua. Esa unidad permite emprender un proyecto común: levantar una ciudad y una torre monumental. La construcción expresa capacidad técnica y cooperación, pero también el deseo de alcanzar el cielo y hacerse un nombre.
La confusión de las lenguas interrumpe el proyecto. Al no poder entenderse, los constructores abandonan la obra y se dispersan. El mito ofrece así una explicación narrativa de la existencia de distintos pueblos e idiomas.
No debe leerse como una descripción histórica del nacimiento de las lenguas. La lingüística explica su formación y evolución mediante procesos humanos desarrollados a lo largo del tiempo. Babel pertenece al terreno del mito: utiliza un relato simbólico para reflexionar sobre la ambición, la unidad y la diversidad.
La lengua como vínculo social
Uno de los aspectos más interesantes del relato es la importancia que concede a la comunicación. Los constructores pueden organizarse porque comparten una lengua. Cuando esa comprensión desaparece, también se deshace el proyecto colectivo.
La lengua no se presenta únicamente como una colección de palabras. Es aquello que permite negociar significados, repartir tareas, transmitir conocimientos y actuar junto con otras personas. La confusión lingüística limita ese poder compartido.
Desde esta perspectiva, Babel no habla solo de idiomas. También habla de lo que sucede cuando creemos que nos entendemos, pero utilizamos las mismas palabras con sentidos distintos. Incluso dentro de una sola lengua pueden aparecer auténticas «situaciones de Babel».
¿Qué significa la palabra Babel?
El nombre bíblico Babel designa a Babilonia. Suele relacionarse con el acadio Bāb-ilim, interpretado tradicionalmente como «puerta del dios» o «puerta de Dios».
El relato del Génesis establece además un juego de palabras con el verbo hebreo balal, asociado con mezclar o confundir. Esta relación funciona dentro de la explicación literaria del texto, pero no debe presentarse necesariamente como la etimología histórica del nombre.
La fuerza de esa asociación ha llegado hasta el español. El Diccionario de la lengua española recoge babel, escrito con minúscula, con el sentido de lugar en el que existe gran desorden y confusión o donde hablan muchas personas sin entenderse.
¿Existió realmente la torre de Babel?
No se ha encontrado una torre que pueda identificarse de forma concluyente con la del relato bíblico. Sin embargo, numerosos investigadores han relacionado su imagen con los grandes zigurats de Mesopotamia.
El candidato más citado es el Etemenanki de Babilonia, un zigurat dedicado al dios Marduk. Su nombre puede traducirse aproximadamente como «Casa de los cimientos del cielo y de la tierra». La estructura fue reconstruida en distintas épocas y alcanzó especial importancia en la Babilonia del primer milenio antes de nuestra era.
Es razonable pensar que el recuerdo de construcciones monumentales de este tipo influyera en la imagen literaria de una torre que se eleva hacia el cielo. Esto no constituye una prueba arqueológica del episodio narrado en el Génesis, sino un posible contexto histórico y cultural para comprender su
simbolismo.
Babel como mito fundacional de la traducción
La torre de Babel se ha convertido en una imagen recurrente dentro de la teoría y la historia de la traducción. Si la multiplicidad de lenguas aparece como una ruptura de la unidad humana, traducir sería una forma de restablecer la comunicación.
Según esta lectura, el traductor repara parcialmente la fractura de Babel: traslada un mensaje a otra lengua para que pueda ser comprendido por quienes no comparten el idioma original. El intérprete realiza esa misma mediación en la comunicación oral o signada.
Sin embargo, la metáfora también admite otra interpretación. La diversidad lingüística no tiene por qué verse únicamente como un castigo o un problema. Cada lengua organiza la experiencia de una manera particular y conserva una historia colectiva. Traducir no elimina esas diferencias, sino que permite relacionarlas.
Por tanto, el trabajo del traductor no consiste en devolver a la humanidad a una supuesta lengua única. Consiste en crear puentes sin borrar la singularidad de los idiomas y las culturas que pone en contacto.
Traducir no es sustituir palabras
El mito de Babel también ayuda a comprender por qué traducir es más complejo que reemplazar una palabra por otra. Dos lenguas no dividen la realidad exactamente del mismo modo. Una expresión puede contener referencias culturales, dobles sentidos o asociaciones que no tienen un equivalente directo.
El traductor debe interpretar el mensaje, considerar su contexto y decidir cómo producir un efecto adecuado en los nuevos lectores. A veces puede conservar una imagen; otras veces necesita explicarla, adaptarla o aceptar que una parte de su sentido no se trasladará por completo.
Esta dificultad no demuestra que la traducción sea imposible. Al contrario: explica por qué requiere conocimiento, criterio y responsabilidad. La comunicación entre lenguas nunca es automática, pero sí puede construirse.
Después de Babel
George Steiner convirtió la imagen de Babel en el centro de una de las obras más conocidas sobre lenguaje y traducción: Después de Babel, publicada originalmente en 1975. Para Steiner, comprender cualquier mensaje implica ya un proceso de interpretación. La traducción entre idiomas sería una manifestación especialmente visible de algo que hacemos constantemente al comunicarnos.
Su reflexión recuerda que Babel no «inventó» la traducción en un sentido histórico. Los seres humanos han mediado entre lenguas desde que comunidades con idiomas distintos entraron en contacto. El mito ofrece una imagen poderosa para representar esa necesidad permanente.
Un símbolo que sigue vigente
En un mundo donde conviven miles de lenguas y donde la comunicación internacional es cotidiana, Babel continúa siendo una metáfora reconocible. Aparece cuando una institución no consigue hacerse entender, cuando una traducción evita un conflicto o cuando personas de distintos países necesitan colaborar.
La historia puede leerse como advertencia sobre la incomunicación, pero también como una invitación a superarla. La diversidad de lenguas no impide necesariamente el entendimiento. Lo convierte en una tarea que exige escucha, interpretación y traducción.
Referencias bibliográficas
Blázquez, J. M. (2001). Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la Antigüedad. Madrid: Ediciones Cristiandad.
Steiner, G. (1975). Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.
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Excelente trabajo de investigación…Muchas veces he leído la historia bíblica de la torre de Babel. Pero no me di cuenta que allí inició un proceso, una necesidad de traducir.. obviamente habrán pasado muchos años para que alguien más inteligente y capaz pueda entender y explicar el significado de los otros idiomas.