En España se anuncian grados de Traducción con IA y en Inglaterra los cierran: ¿qué está pasando?
El otro día me encontré en Instagram un anuncio de la Universidad Pontificia Comillas. Presentaba su nuevo Grado en Traducción, Interpretación y Tecnologías del Lenguaje como una mezcla de idiomas, inteligencia artificial y tecnología. Casi al mismo tiempo, en LinkedIn, el Institute of Translation and Interpreting advertía de que el MA in Translation Studies de la Universidad de Exeter podía desaparecer.
La comparación llama bastante la atención. En España parece que se crean carreras nuevas y se añade la IA al nombre. En Inglaterra se recortan lenguas y se organizan campañas para evitar que cierren programas de traducción. ¿Aquí vemos un futuro profesional que ellos no ven? ¿Tenemos demasiadas plazas universitarias? ¿Es una consecuencia de nuestro Bachillerato de Humanidades? ¿O estamos comparando cosas que en realidad son bastante distintas?

Fuente: publicación de Comillas CIHS en Instagram.
Primero habría que comprobar si en España están aumentando de verdad las plazas
Que aparezca un grado con un nombre nuevo no significa necesariamente que haya más plazas. En Comillas, el antiguo Grado en Traducción e Interpretación dejó de impartirse para nuevos cursos y fue sustituido por el Grado en Traducción, Interpretación y Tecnologías del Lenguaje. Es una reforma bastante profunda del plan, pero no una facultad que haya aparecido de la nada.
El programa incluye programación, estadística, inteligencia artificial, automatización de la traducción, lingüística computacional, datos y gestión de proyectos. La universidad habla incluso de «ingeniería lingüística». El nombre llama la atención, pero el plan intenta responder a un cambio real del mercado.
También se anuncian grados privados y a distancia que pueden captar alumnado de toda España. Esa visibilidad produce una sensación de expansión, aunque no he encontrado datos que permitan afirmar que las plazas netas de Traducción estén creciendo en todo el país.
Lo que sí está creciendo con mucha claridad es la universidad privada en general. El Informe CYD 2025 calcula que, en una década, las titulaciones aumentaron un 61,3 % en las universidades privadas y un 151,6 % en las privadas a distancia. Ese crecimiento no se limita a Traducción. Forma parte de un mercado universitario que ofrece cada vez más grados, dobles grados y variantes especializadas.
Crear plazas, sustituir un título y cambiar el envoltorio de una carrera pueden parecer lo mismo en la publicidad, pero no lo son.
¿Tenemos demasiados alumnos de Humanidades?
Yo también pensé que la diferencia podía estar en el Bachillerato. En España existe una modalidad muy amplia de Humanidades y Ciencias Sociales. En Inglaterra, en cambio, los alumnos eligen A levels por materias y la tubería de estudiantes de idiomas lleva años estrechándose.
Pero los datos españoles no encajan con la idea de que cada vez haya más alumnos en Humanidades. Según las cifras del Ministerio de Educación, la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales representaba el 47,1 % del Bachillerato presencial en 2021-2022. Dos cursos después había bajado al 44,2 %. En números aproximados, pasó de unos 305.000 alumnos a unos 290.000, mientras que el alumnado total de Bachillerato presencial creció ligeramente.
Fuente: Las cifras de la educación en España, capítulo sobre Bachillerato.
Además, «Humanidades y Ciencias Sociales» es una categoría enorme. Incluye Latín y Griego, pero también Matemáticas Aplicadas, Economía, Empresa, Geografía o Historia del Arte. De ahí salen estudiantes de Derecho, ADE, Economía, Magisterio, Comunicación y muchas otras carreras. No es una cantera creada para llenar las facultades de Traducción.
Tampoco es imprescindible haber cursado esa modalidad para estudiar Traducción. La UAB, por ejemplo, recomienda un B2 de inglés o un B1 de francés, pero no presenta Humanidades como una vía exclusiva. Yo no diría que sobran plazas de ese Bachillerato. Tenemos una modalidad amplia, pero su peso está bajando. El debate está después: cuántos grados se ofrecen, cuánto cuestan y qué empleo prometen.
La oferta española también muestra señales de saturación
La publicidad de un grado nuevo puede convivir perfectamente con plazas vacías en otros. En julio de 2026, la propia Universidad Complutense incluyó Traducción e Interpretación entre las titulaciones que todavía tenían plazas libres. La UAB ofrece actualmente 200 plazas entre inglés y francés, con notas de corte de 5,728 y 5,000 en la información publicada para el grado.
Estos ejemplos no demuestran que el grado esté en crisis en toda España. Hay universidades, combinaciones lingüísticas y ciudades con mucha demanda. Lo que sí demuestran es que no estamos ante una escasez general que obligue a crear más plazas a toda velocidad.
La pregunta no debería ser solo cuántos grados hay, sino si son realmente distintos. Si una universidad cobra una matrícula elevada porque ha añadido «IA» al nombre, conviene mirar el plan con lupa. ¿Hay programación de verdad? ¿Se aprende a evaluar modelos y a trabajar con datos, confidencialidad y control de calidad? ¿O es el grado de siempre con dos asignaturas nuevas y una campaña de Instagram?
No tengo nada contra las universidades privadas ni contra los grados nuevos. Pero no pagaría una matrícula privada solo por encontrar la palabra «inteligencia artificial» en grande.
En Inglaterra el problema empieza mucho antes de la universidad
El caso inglés tiene otra historia. En 2004 dejó de ser obligatorio estudiar una lengua moderna después de los 14 años. Un informe oficial de Ofsted recuerda que la proporción de alumnos que se presentaban a un GCSE de lengua cayó rápidamente hasta el 47 % en 2007. Dos décadas después, el Chartered Institute of Linguists señala que solo el 2,97 % de los A levels de 2024 correspondió a lenguas y que 28 universidades han cerrado grados de lenguas modernas desde 2014.
Fuentes: revisión oficial del currículo de lenguas en Inglaterra e informe del CIOL sobre la crisis de las lenguas.
Es un círculo bastante fácil de entender. Menos alumnos estudian idiomas en la escuela, menos llegan preparados a la universidad y las titulaciones reciben menos solicitudes. Cuando cierra un departamento, también se forman menos profesores y el círculo vuelve a empezar.
Aquí sí existe una diferencia estructural con España. En nuestro sistema todos los alumnos de Bachillerato siguen estudiando una lengua extranjera y casi la mitad cursa Humanidades y Ciencias Sociales. Eso mantiene una base potencial mucho mayor, aunque no todos quieran estudiar Traducción.
Exeter no ha cerrado todavía, pero la amenaza es real
En el caso de Exeter conviene ser precisos. La universidad anunció una consulta para reducir alrededor de 150 puestos equivalentes a tiempo completo. Más de 500 miembros del personal quedaron en riesgo y Lenguas Modernas se enfrenta a una reducción de hasta el 25 % de su personal docente.
El Institute of Translation and Interpreting escribió a la universidad y después explicó en LinkedIn que la reestructuración probablemente incluiría el cierre del MA in Translation Studies. La petición contra los despidos fue creada por la sección de UCU de Exeter y el ITI la está difundiendo. No es exactamente una petición creada por el Institute of Linguists, aunque varias organizaciones profesionales se han movilizado contra estos recortes.

Fuente: publicación del ITI en LinkedIn.
A fecha de esta actualización, Exeter todavía anuncia el MA in Translation Studies para 2026 y 2027. La página dice expresamente que enseña a usar y evaluar la inteligencia artificial generativa de forma responsable. Por eso no sería correcto escribir que el máster ya ha cerrado. Está amenazado y existe una campaña muy activa, pero la información pública todavía es contradictoria.
No es un caso aislado. El ITI también ha denunciado recortes en Heriot-Watt y la suspensión de Lenguas Modernas en Nottingham. La traducción queda afectada porque depende de departamentos más amplios que las universidades consideran poco sostenibles.
¿Los cierran por culpa de la IA?
No he encontrado una declaración de Exeter que atribuya los recortes a la inteligencia artificial. Las explicaciones públicas hablan de reestructuración, costes, cambios en la demanda y sostenibilidad. Además, la caída de las lenguas en Inglaterra empezó mucho antes de ChatGPT.
La situación financiera de las universidades inglesas tampoco es un detalle menor. El Office for Students calcula que 119 instituciones, el 42,7 % de las analizadas, podrían registrar déficit en 2025-2026 si no toman medidas. Casi una cuarta parte ya declaró costes de reestructuración en el curso anterior. En ese contexto se están reduciendo cursos de muchas humanidades, no solo de traducción.
Fuente: Office for Students, presión financiera y sostenibilidad.
Eso no significa que la IA no influya. Puede influir en lo que piensan los estudiantes y sus familias. Si una persona de 18 años oye todos los días que una máquina ya traduce, quizá dude antes de pagar una carrera o un máster. Esa percepción puede reducir la demanda y facilitar la decisión de cerrar un programa. Pero, de momento, eso es una explicación razonable, no una causa demostrada para el caso de Exeter.
La paradoja es bastante buena. En España, una universidad utiliza la IA para vender un grado renovado. En Inglaterra, un máster que ya enseña IA puede desaparecer dentro de un recorte general. La misma tecnología se presenta en un lugar como oportunidad y en otro funciona como parte del ruido que hace dudar sobre el futuro de la profesión.
Lo que se está discutiendo en redes
Las redes ofrecen testimonios útiles, pero no estadísticas. Hay estudiantes que se preguntan si han elegido una carrera sin futuro y profesionales que creen que la IA está elevando el nivel de especialización.
Una publicación interesante de Daniele Duscovich comenta estudios que comparan traducción humana e inteligencia artificial en textos literarios. Su conclusión no es que la máquina no sirva. Reconoce que reproduce bastante bien el significado general, pero encuentra más problemas con el lenguaje figurado, la voz, los matices culturales y la carga ideológica. Para él, la IA no elimina la traducción, sino que eleva el nivel de conocimientos que se espera del profesional.

Fuente: publicación de Daniele Duscovich en LinkedIn.
Me parece una forma bastante más útil de plantearlo. Un grado no puede limitarse a enseñar a producir una versión correcta de un texto general, porque eso es precisamente lo que las herramientas automáticas hacen cada vez mejor. Tiene que formar a personas capaces de escribir muy bien, entender un campo especializado, detectar riesgos, evaluar sistemas, tratar datos, gestionar proyectos y responder por la calidad.
Entonces, ¿sobran grados de Traducción?
No creo que se pueda contestar con un sí o un no. Puede sobrar un grado que repite el plan de hace quince años, promete muchas salidas sin explicarlas y apenas tiene relación con el trabajo real. Puede ser muy necesario otro que combine una formación lingüística sólida con tecnología, interpretación, localización, accesibilidad, especialización y prácticas bien organizadas.
Lo arriesgado sería crear títulos solo para captar a una bolsa amplia de estudiantes de Ciencias Sociales y Humanidades. La universidad también tiene que demostrar que el programa añade algo, que las plazas se ocupan y que el coste tiene sentido frente a las alternativas públicas.
Si hoy tuviera que elegir, no descartaría Traducción e Interpretación, pero compararía mucho más que el nombre. Miraría cuánto se escribe y se traduce, qué tecnologías se utilizan, dónde se hacen las prácticas y qué han terminado haciendo los antiguos alumnos. También preguntaría algo que rara vez aparece en la publicidad: cuántos estudiantes empezaron, cuántos terminaron y cuántos encontraron un trabajo relacionado.
España e Inglaterra no están tomando simplemente decisiones opuestas. España está viviendo una expansión general de la universidad privada y una reformulación tecnológica de algunos títulos. Inglaterra arrastra una caída escolar de las lenguas y una crisis financiera universitaria que ahora amenaza programas históricos. La IA atraviesa las dos historias, pero no las explica por sí sola.
Tal vez esa sea la pregunta con la que deberíamos compartir el artículo en redes: si una misma tecnología sirve para anunciar una carrera nueva en Madrid y para poner en duda otra en Exeter, ¿qué estamos comprando exactamente cuando nos matriculamos en un grado de Traducción?











