Las muletillas en la expresión oral
Las muletillas son palabras, sonidos o expresiones que repetimos de manera automática al hablar. «Eh», «bueno», «pues», «o sea», «en plan» o «¿sabes?» son algunos ejemplos habituales.
Su presencia no indica necesariamente que una persona se exprese mal. En una conversación espontánea es normal hacer pausas, reformular una idea o recurrir a ciertas expresiones mientras pensamos qué decir. Sin embargo, cuando una muletilla aparece constantemente, puede distraer a quien escucha y restar claridad al mensaje.
¿Qué es una muletilla?
Una muletilla es una palabra o expresión que se repite con frecuencia y que sirve de apoyo mientras organizamos el discurso. En muchos casos, permite ganar tiempo, mantener el turno de palabra o enlazar una idea con la siguiente.
Algunas muletillas frecuentes en español son:
- «Eh…»
- «Bueno…»
- «Pues…»
- «O sea…»
- «En plan…»
- «¿Sabes?»
- «¿Vale?»
- «Digamos…»
- «La verdad es que…»
- «Tío» o «bro», cuando se repiten constantemente al dirigirse a otra persona.
En sentido estricto, «tío» y «bro» funcionan como vocativos, es decir, como formas de dirigirse al interlocutor. Sin embargo, pueden convertirse en muletillas cuando se utilizan de manera reiterada y automática sin aportar información al mensaje.
No todas las personas utilizan las mismas muletillas. Estas también pueden variar según la edad, el lugar de procedencia, el entorno social o la situación comunicativa.
Conviene distinguir, además, entre una muletilla y un marcador del discurso. Expresiones como «sin embargo», «por tanto» o «en primer lugar» cumplen una función: relacionan ideas y ayudan a organizar el mensaje. Solo se convierten en muletillas cuando se emplean de forma repetitiva, automática o innecesaria.
¿Por qué utilizamos muletillas?
Las muletillas forman parte natural del habla espontánea. A diferencia de lo que ocurre al escribir, cuando hablamos no siempre disponemos de tiempo para ordenar previamente cada frase.
Podemos recurrir a ellas por distintos motivos:
- Necesitamos unos segundos para pensar.
- Queremos evitar un silencio.
- Estamos nerviosos o inseguros.
- Intentamos mantener la atención del interlocutor.
- Nos hemos acostumbrado a repetir una expresión.
- Queremos corregir o matizar algo que acabamos de decir.
Por eso, el objetivo no tiene que ser eliminar todas las muletillas. Una conversación completamente libre de vacilaciones podría incluso resultar artificial. Lo importante es evitar que su repetición interfiera en la comunicación.
¿Cuándo pueden convertirse en un problema?
El uso ocasional de muletillas no suele dificultar una conversación. El problema aparece cuando se repiten tanto que llaman más la atención que el propio mensaje.
Esto puede resultar especialmente perceptible durante una presentación, una entrevista de trabajo, una reunión, una clase o cualquier otra situación en la que sea importante expresarse con precisión.
El abuso de muletillas puede:
- Dificultar la comprensión del mensaje.
- Hacer que el discurso parezca poco organizado.
- Distraer o cansar a quien escucha.
- Transmitir nerviosismo o inseguridad.
- Reducir la fuerza de las ideas que se quieren comunicar.
No obstante, no conviene sacar conclusiones precipitadas sobre la preparación o los conocimientos de una persona únicamente por su manera de hablar. Las muletillas pueden estar relacionadas con los nervios, la velocidad del discurso o un hábito adquirido y no necesariamente con una falta de dominio del tema.
Cómo identificar nuestras muletillas
El primer paso para reducirlas es descubrir cuáles utilizamos. Como suelen aparecer de manera inconsciente, no siempre resulta fácil reconocerlas mientras hablamos.
Una forma sencilla de hacerlo es grabar una conversación, una presentación breve o una explicación improvisada. Al escucharla después, podemos anotar qué expresiones se repiten y con qué frecuencia.
También podemos pedir a una persona de confianza que nos avise cuando detecte alguna. El objetivo no es avergonzarnos ni vigilar cada palabra, sino tomar conciencia de un hábito que normalmente pasa inadvertido.
Consejos para reducir las muletillas
1. Hablar más despacio
Cuando hablamos demasiado deprisa, disponemos de menos tiempo para organizar las ideas. Reducir ligeramente la velocidad ayuda a construir frases más claras y disminuye la necesidad de rellenar los silencios.
2. Utilizar las pausas
Una pausa breve no es un error. Puede servir para respirar, ordenar el pensamiento o destacar una idea. En muchas ocasiones, guardar silencio durante uno o dos segundos resulta más eficaz que llenar ese espacio con «eh», «bueno» u «o sea».
3. Preparar la estructura, no cada palabra
Antes de una presentación o una reunión importante, puede ser útil anotar las ideas principales y el orden en el que queremos exponerlas. No hace falta memorizar todo el discurso: basta con disponer de una estructura clara.
4. Practicar en voz alta
Leer un texto no reproduce completamente una conversación. Por eso es preferible ensayar explicando el tema con nuestras propias palabras. Grabarnos durante la práctica permite comprobar si repetimos ciertas expresiones y observar nuestra evolución.
5. Sustituir la repetición por recursos variados
Los conectores pueden ayudar a organizar el discurso, siempre que se empleen con sentido. «Además», «por otra parte», «sin embargo» o «en conclusión» permiten mostrar la relación entre las ideas. No obstante, si repetimos siempre el mismo conector, este también puede acabar convirtiéndose en una muletilla.
6. Corregirse con naturalidad
Si nos equivocamos o perdemos el hilo, no hace falta disimularlo mediante una sucesión de palabras de relleno. Podemos hacer una pausa, reformular la frase o decir sencillamente: «Voy a expresarlo de otra manera».
7. Concentrarse en comunicar
Estar pendiente de no pronunciar ninguna muletilla puede aumentar el nerviosismo. Es preferible centrarse en que el mensaje se entienda y trabajar gradualmente sobre las expresiones que repetimos con mayor frecuencia.
No se trata de hablar de forma perfecta
Las pausas, las vacilaciones y las reformulaciones son características normales de la lengua oral. El propósito no es hablar como si estuviéramos leyendo un texto escrito, sino comunicarnos con mayor claridad y seguridad.
Identificar nuestras muletillas puede ayudarnos a mejorar una presentación o desenvolvernos mejor en determinadas situaciones profesionales. Pero no es necesario perseguir una expresión completamente impecable: una conversación natural también contiene dudas, silencios y cambios de rumbo.
Aprender a utilizar las pausas y a organizar mejor las ideas suele ser mucho más eficaz que intentar prohibirnos determinadas palabras.
Bibliografía
Centro Virtual Cervantes. «Marcadores del discurso». Diccionario de términos clave de ELE.
Colombo, Daniel. «Hablar en público: 8 trucos para eliminar tus muletillas». El Cronista.
El País. «O sea, la de muletillas que usamos, ¿sabes?». Verne, 19 de septiembre de 2018.











