El derecho romano
Las leyes existen para facilitar una convivencia pacífica y justa. Desde hace miles de años, las sociedades han tenido que buscar formas de resolver sus conflictos y establecer reglas que no dependieran únicamente de la voluntad del más fuerte. En ese largo recorrido, Roma ocupa un lugar decisivo.
Estudiar el derecho romano no consiste solo en mirar hacia un pasado remoto. También permite reconocer el origen de muchas palabras, ideas e instituciones que todavía forman parte de nuestra vida jurídica. Contratos, herencias, propiedad, obligaciones o responsabilidad son conceptos que han cambiado profundamente, pero conservan huellas romanas.
¿Qué es el derecho romano?
El Diccionario panhispánico del español jurídico define el derecho romano como la rama del derecho que estudia las instituciones jurídicas formadas en la antigua Roma, especialmente a partir de los escritos de los juristas y de su recopilación en el Corpus Iuris Civilis.
Su evolución abarca muchos siglos. Tradicionalmente se toma como punto de partida la fundación de Roma, fechada en el año 753 a. C., aunque esa fecha tiene un componente legendario. El derecho romano se desarrolló durante la Monarquía, la República y el Imperio, y continuó evolucionando en el Imperio romano de Oriente.
Por eso no es correcto situar su final en el siglo V. En 476 cayó el Imperio romano de Occidente, pero en el siglo VI el emperador Justiniano ordenó recopilar y sistematizar una parte fundamental de la tradición jurídica romana. Aquella compilación, conocida posteriormente como Corpus Iuris Civilis, tendría una enorme influencia en la historia jurídica europea.
La Ley de las XII Tablas
Uno de los grandes hitos del derecho romano fue la Ley de las XII Tablas, elaborada hacia 451-450 a. C. Según la tradición, sus normas se expusieron públicamente en doce tablas para que los ciudadanos pudieran conocerlas.
Su importancia no reside en que fuese el primer texto legal de la historia —existieron códigos escritos muy anteriores en otras civilizaciones—, sino en que constituyó la primera gran fijación escrita del derecho de Roma. Al hacer públicas ciertas reglas, se limitaba en alguna medida la interpretación reservada a los grupos que hasta entonces controlaban el conocimiento jurídico.
Las XII Tablas regulaban cuestiones muy diversas: el proceso, las deudas, la propiedad, la familia, las sucesiones y algunos actos considerados ilícitos. No proclamaban una igualdad comparable a la actual y reflejaban una sociedad muy jerarquizada, pero se convirtieron en una referencia fundamental para el desarrollo posterior del derecho romano.
Familia, mujer y sucesiones
La familia romana estaba organizada en torno a la autoridad del paterfamilias. La posición jurídica de una persona dependía, entre otros factores, de su condición de libre o esclava, de su ciudadanía y de su lugar dentro del grupo familiar.
Las mujeres romanas podían intervenir en determinados actos patrimoniales, recibir herencias y otorgar testamento en ciertas condiciones, pero no disfrutaban de una igualdad jurídica equivalente a la contemporánea. Durante buena parte de la historia de Roma estuvieron sometidas a distintas formas de autoridad o tutela. Su situación, además, no fue idéntica en todas las épocas: el derecho romano cambió durante siglos y algunas restricciones se fueron atenuando.
Esta evolución resulta interesante porque muestra que el derecho nunca es completamente inmóvil. Incluso dentro de una misma tradición, las normas responden a transformaciones económicas, familiares y sociales.
El proceso civil
Los romanos desarrollaron distintas formas de proceso para reclamar derechos ante una autoridad. En determinados periodos, el pretor encauzaba jurídicamente el litigio y un juez privado resolvía el caso conforme a la fórmula establecida.
De aquel mundo proceden numerosos conceptos procesales, pero no debemos trasladarlos sin más al presente. Instituciones actuales como los recursos, los plazos procesales o la organización de los tribunales son el resultado de una evolución histórica mucho más extensa. La influencia romana es indudable, aunque no constituye una explicación única ni directa de todo el proceso civil moderno.
Obligaciones, contratos y derechos reales
Una de las aportaciones más duraderas del derecho romano fue la elaboración de categorías para ordenar las relaciones patrimoniales. Los juristas reflexionaron sobre la propiedad, la posesión, las obligaciones, los contratos y la responsabilidad por daños.
Entre las instituciones más antiguas se encontraba el nexum, un negocio formal relacionado con la garantía de una deuda que podía llegar a someter personalmente al deudor. No era simplemente un acuerdo verbal ni puede equipararse a aceptar las condiciones de una aplicación moderna.
Con el tiempo surgieron y se perfeccionaron figuras contractuales más próximas a algunas de las que conocemos hoy: compraventa, arrendamiento, sociedad o mandato. Muchas categorías del derecho privado continental se construyeron posteriormente mediante la recepción, reinterpretación y adaptación de esos materiales romanos.
Delitos públicos y delitos privados
Roma distinguió entre conductas perseguidas por afectar a la comunidad y actos ilícitos que daban lugar principalmente a una acción de la persona perjudicada. Entre estos últimos se encontraban figuras como el hurto, las lesiones o determinados daños, que podían generar la obligación de pagar una cantidad.
Esta distinción no coincide exactamente con la separación moderna entre derecho penal y responsabilidad civil. Las penas, los procedimientos y la propia concepción del delito romano pertenecían a un contexto social muy diferente. Aun así, el estudio de esas categorías ayuda a comprender cómo fue formándose la idea de que una conducta ilícita puede producir consecuencias públicas y también una obligación de reparar el daño causado.
¿Cómo llegó el derecho romano hasta nuestros días?
La expansión territorial de Roma difundió sus instituciones, pero su influencia posterior no se explica únicamente por la conquista. Durante la Edad Media, el estudio de los textos de Justiniano cobró nueva fuerza en las universidades europeas. Juristas, glosadores y comentaristas los interpretaron y combinaron con el derecho canónico, las costumbres locales y otras fuentes.
De ese proceso surgió el ius commune, una cultura jurídica compartida que influyó en numerosos territorios europeos. Siglos después, las grandes codificaciones civiles retomaron muchas categorías de origen romano. Esa tradición llegó también a numerosos países de América Latina y dejó huella en otros sistemas jurídicos fuera de Europa.
Esto no significa que todos esos ordenamientos sean copias de Roma. Cada sociedad ha transformado las instituciones recibidas y las ha combinado con sus propias leyes, costumbres y necesidades.
Palabras e ideas romanas que siguen vivas
La presencia de Roma también se percibe en el lenguaje jurídico. Expresiones como bona fide, in dubio pro reo, pacta sunt servanda o res judicata continúan apareciendo en textos legales y jurídicos de diferentes idiomas. Para quienes traducimos este tipo de documentos, conocer su origen ayuda a interpretar mejor el concepto y a evitar equivalencias demasiado literales.
Uno de los pasajes más conocidos del Digesto atribuye a Ulpiano tres preceptos: vivir honradamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo. La fórmula pertenece a una sociedad muy distinta de la nuestra, pero sigue expresando una aspiración reconocible: que el derecho sirva para ordenar la convivencia y ofrecer una respuesta justa a los conflictos.
Entonces, ¿por qué sigue siendo importante?
El derecho romano es importante no porque contenga soluciones inmutables para todos los problemas actuales, sino porque creó una forma especialmente influyente de analizar, clasificar y razonar sobre las relaciones jurídicas.
Comprenderlo equivale a conocer una parte esencial de la historia del derecho. También nos recuerda que las leyes no aparecen terminadas de una vez para siempre: se escriben, se interpretan, se discuten y se transforman junto con las sociedades a las que pretenden servir.
Roma no nos entregó el derecho actual ya construido. Nos dejó, más bien, un inmenso vocabulario de preguntas, conceptos y métodos con los que generaciones posteriores siguieron trabajando.
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Fuentes consultadas
- Diccionario panhispánico del español jurídico. «Derecho romano».
- Diccionario panhispánico del español jurídico. «Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere».
- Universidad Nacional Autónoma de México, Biblioteca Jurídica Virtual: estudios de historia y derecho romano.
- Comisión Europea, proyecto Civil Law, Common Law, Customary Law: Consonance, Divergence and Transformation in Western Europe from the Late Eleventh to the Thirteenth Centuries.











