Jurados de la L: el título sin examen que se ganó una mala fama
Durante años, en el listado de traductores jurados aparecía una letra que indicaba cómo había obtenido cada profesional el título. La «L» correspondía a quienes habíamos accedido a través de la licenciatura en Traducción e Interpretación, sin presentarnos al examen del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Yo soy uno de esos jurados de la L.
La L era como un carné de conducir sin examen
La comparación más sencilla es la del carné de conducir. Imaginemos que a una persona le entregan el carné porque ha cursado varias asignaturas relacionadas con la conducción, pero sin hacer el mismo examen que los demás.
Puede conducir muy bien. Puede aprender después y convertirse en un conductor excelente. Pero el carné, por sí solo, no demuestra que haya superado una prueba común.
Eso era, en buena medida, lo que ocurría con la L.
Las universidades podían solicitar que determinadas asignaturas de traducción jurídica, económica e interpretación permitieran obtener el título de traductor-intérprete jurado. El problema era que la formación variaba mucho de una universidad a otra. Incluso dentro de una misma facultad dependía de las asignaturas elegidas, de los profesores y del nivel de exigencia.
Por eso los jurados de la L acabaron teniendo mala fama. No porque todos trabajaran mal, sino porque el sistema no garantizaba una preparación homogénea.
La posibilidad de obtener el título por esta vía se eliminó en 2009, aunque se estableció un periodo transitorio para quienes ya estaban estudiando la licenciatura. Así lo recogió el Real Decreto 2002/2009.
Mi carrera no me preparó para ejercer como jurado
Obtuve el título en 2006 por esta vía. Y puedo decirlo con claridad: la carrera no me preparó, ni mucho menos, para trabajar profesionalmente como traductor jurado.
Tener el título no significaba saber resolver bien todos los problemas del oficio. No dominaba suficientemente cuestiones como los formatos, las certificaciones, los sellos, la traducción de documentos académicos, las diferencias entre sistemas jurídicos o la forma de tratar nombres, notas, apostillas y elementos que no deben traducirse.
Llegar a un nivel profesional me costó muchísimo.
Lo conseguí trabajando, formándome por mi cuenta, leyendo foros de traductores, siguiendo debates profesionales y preguntando a compañeros con más experiencia. También aprendí revisando errores y viendo cómo resolvían otros traductores los problemas que no se explicaban en la universidad.
Con el tiempo salió bien. Pero salió bien por ese esfuerzo posterior, no porque la licenciatura me hubiera dejado preparado para ejercer como traductor jurado.
Esa es precisamente la cuestión: entre los jurados de la L hubo profesionales excelentes, pero no gracias a la vía de acceso, sino porque siguieron formándose después.
Ahora existe otro acceso distinto del examen
Hoy la vía principal para obtener el título sigue siendo el examen convocado por el Ministerio. Pero no es la única.
También puede obtenerse mediante el reconocimiento en España de una cualificación profesional equivalente conseguida en otro Estado de la Unión Europea, del Espacio Económico Europeo o en Suiza. El propio Ministerio explica las dos vías actuales.
Esto no significa que todas las personas que solicitan el reconocimiento reciban automáticamente el título sin ninguna prueba. Cuando el Ministerio aprecia diferencias importantes en la formación puede imponer medidas compensatorias, como una prueba de aptitud o un periodo de prácticas. De hecho, se siguen convocando exámenes compensatorios.
Pero también existen reconocimientos sin pasar por el mismo examen general que realizan quienes acceden por la vía ordinaria.
Y estamos volviendo a encontrar problemas parecidos
Al buscar colaboradores hemos encontrado algunos traductores jurados que han accedido mediante el reconocimiento de cualificaciones europeas y cuyo dominio del español nos ha sorprendido negativamente.
En alguna ocasión hemos escrito en español y nos han contestado en inglés. En otras, la expresión escrita en la lengua de destino no parecía tener el nivel que cabría esperar de alguien habilitado para certificar traducciones oficiales.
Son casos concretos. No sería justo extenderlos a todos los profesionales que han obtenido el reconocimiento de su cualificación europea. Muchos están perfectamente preparados.
Pero esos casos muestran un problema parecido al de la antigua L: una habilitación administrativa no siempre garantiza por sí sola el nivel profesional real.
Reconocer cualificaciones obtenidas en otros países es necesario dentro de la Unión Europea. Lo que habría que asegurar es que la persona no solo posee un título equivalente, sino que domina las lenguas en las que va a trabajar y conoce las exigencias concretas de la traducción jurada en España.
El título habilita, pero no garantiza la calidad
Actualmente ya no podemos saber por el listado cómo accedió cada traductor. El buscador oficial del MAEC no muestra las antiguas letras ni la vía de obtención del título. Tampoco hay un PDF actualizado separado: el listado público se consulta mediante ese buscador.
En cualquier caso, elegir a un profesional por una letra tampoco habría sido una buena solución.
La L no convertía automáticamente a nadie en mal traductor. Del mismo modo, haber aprobado un examen o conseguido el reconocimiento de una cualificación europea tampoco garantiza que alguien trabaje bien durante toda su carrera.
El título permite firmar traducciones oficiales. La competencia profesional se demuestra después: con conocimiento de las lenguas, formación continua, experiencia, cuidado, consultas a otros profesionales y responsabilidad ante cada documento.
El carné autoriza a conducir. No demuestra cómo conduce su titular.












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Para elegir un traductor intérprete jurado, ¿cual sería mejor el que tenga la C-Convocatoria/examen o la R- reconocimiento de título extranjero? Estoy mirando la lista de traductores jurados del ministerio para implorar mi título de bachillerato y el universitario y no se cual elegí, cuál es la diferencia entre los que tienen la C o la R. Un cordial saludo!
Hay una errata en el comentario de arriba: quería escribir – para omologar el título no para implorar- lo siento.
Hola, «E» significa examen, «C» carrera y «R» reconocimiento de créditos extranjeros. ¡Espero te sirva!